La vida a partir del celular

Usando el móvil

Hace unos días, hablábamos con una de mis hermanas de como el celular o móvil se convirtió en una extensión de nosotros mismos, y coincidimos en que encontrar a alguien que no este prendido a este aparato es casi una misión imposible.

Observando un poco notas que es algo que ya no se trata solo de una cuestión generacional; para prenderse al teléfono ya no importa la edad, el sexo ni el lugar. Y es que vas al gimnasio y ves como cada persona que entrena está, entre serie y serie, tecleando. O miras hacia las elípticas, caminadoras o bicicletas y quienes están encima llevan los ojos puestos en las pantallas que tienen en las manos. En cualquier bar o restaurante, ya sea estén solos o acompañados, la atención de la gente esta indefectiblemente en sus teléfonos. Si recorres, las calles, los supermercados o los parques, sucede lo mismo; incluso vas al cine y mirando de reojo veras las luces de algunas pantallas a tu alrededor. Es como si tener los ojos puestos en el móvil fuera una necesidad.

Es irónico ver como la gente se “reúne” para simplemente sentarse todos alrededor de una mesa y, sin mediar palabra entre ellos, pasan el tiempo riendo o sonriendo con los mensajes que van leyendo. Es tan tonto como compartir el mismo lugar sin estar juntos, algo que de una u otra manera ha sido capaz de separar o al menos debilitar el lazo existente entre padres e hijos, hermanos, parejas e incluso amigos. Se ha vuelto mas importante escribir y leer mensajes, muchas veces con casi nada de sentido y de personas que no son parte de nuestra familia, que compartir ese mismo instante conversando con los seres que amamos y tenemos a nuestro lado.

Los mismos conceptos de amistad, amor, familia, etc. van cambiando, transformándose y, en algunos casos, distorsionándose; no se si para bien o para mal, no soy nadie para juzgar, mucho menos cuando yo también estoy en el paquete. Pero el hecho es que se perdieron muchas cosas en la vida a partir del celular; perdimos el poder charlar por horas cara a cara solo para poder enviar o leer unos mensajes de texto y tal vez algunos emoticones; dejamos de lado el poder compartir el silencio, la lectura de un libro o una buena película por reír ante el meme del momento; y, principalmente perdimos la chance de reír a carcajadas con las anécdotas contadas en la mesa familiar, o de llorar hasta limpiarnos de toda tristeza en el hombro de quien confiamos, solo por no dejar de mirar lo que pasa en el whatsapp.

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